Aplicar la filosofía de Unix a la productividad personal
Reprogramar nuestro flujo de trabajo personal se parece mucho a programar en un ordenador. Igual que los programas ayudan a automatizar procesos, un buen sistema de productividad nos ayuda a automatizar la información que nos llega para convertirla en tareas y ejecutarlas.
En concreto, si comparamos un sistema de productividad personal con la filosofía y las reglas de diseño en los sistemas Unix, encontramos parecidos. Las reglas listadas a continuación provienen del libro de Eric Steven Raymond “The Art of Unix Programming” (disponible on-line). De las 17 reglas que aparecen, estas son algunas de las que podemos aplicar a nuestro flujo de trabajo:
Escribe partes simples conectadas por interfaces limpios
(Regla de modularidad)
Hay una gran ventaja en usar mecanismos separados para cada área (contactos, tareas, email…) en lugar de usar un software monstruoso que lo gestione todo. Si en alguna ocasión queremos actualizar o cambiar una de las áreas, podemos hacerlo sin tirar a la basura el resto. De la misma forma, sé favorable a los interfaces universales (RSS, email, o papel), así no te convertirás en esclavo de la herramienta.
La claridad es mejor que la inteligencia
(Regla de claridad)
Cuando tomas nota de tus eventos, tareas y proyectos, anota las instrucciones que te estás dando a ti mismo de la forma más clara y sencilla de entender posible. “Crear una compañía” es poco específico y propenso a no realizarse. “Llamar a Luis para preguntarle cómo fundó su SL 91-121-22-22″.
También evita vocabulario complejo, codificado, jerárquico y contextual, y algoritmos de ordenación: recuerda que la claridad es más importante que las anotaciones ‘inteligentes’.
Convierte el conocimiento en datos para que la lógica del programa pueda ser simple y robusta
(Regla de la representación)
Incluye toda la información que te pueda hacer falta para completar el trabajo en tu sistema. Por ejemplo, si has de hacer una llamada, incluye el número de teléfono al anotar la tarea. Haz que tu información sea lo más rica posible, ya que tu sistema es sólo un camino para que las cosas sigan moviéndose.
Cuando tengas que caer, hazlo cuanto antes y escandalosamente
(Regla de reparación)
Si pasas tiempo montando un sistema de productividad personal (sea GTD u otro) y te falla, detente. Entiende la razón por la que has olvidado el cumpleaños de tu madre. Sé prolijo sobre ello. Resalta mentalmente ese “ruidoso error” y adapta tu sistema para evitar que vuelva a suceder.
El tiempo de programador es caro; consérvalo en favor del tiempo de máquina
(Regla de economía)
No hagas nada que el ordenador pueda hacer por ti. En lugar de gastar tiempo archivando laboriosamente todos tus documentos, busca aquello que necesites al vuelo (Google Desktop es ideal para ello). Aprende atajos de teclado para no tener que mover demasiado el ratón. Automatiza tareas como los backups. Haz que tu ordenador trabaje para ti, en lugar de tú trabajar para él.
Haz un prototipo antes de pulir. Consigue que funcione antes de optimizarlo.
(Regla de optimización)
No hay un sistema de productividad perfecto. El mejor sistema es el que estás usando. No hace falta memorizar el libro de GTD para empezar a organizar cosas. Decide un método para organizarte y empieza a usarlo, ya irás puliéndolo con el tiempo.
Diseña para el futuro, porque llegará antes de lo que crees.
(Regla de extensibilidad)
¿Vas a usar siempre ese software o esa dirección de e-mail? Prepara tu sistema a prueba del futuro escogiendo herramientas que poseas y no bloqueen tus datos en formatos propietarios, de forma que no puedas volver atrás.
Reprogramar nuestro flujo de trabajo personal se parece mucho a programar en un ordenador. Igual que los programas ayudan a automatizar procesos, un buen sistema de productividad nos ayuda a automatizar la información que nos llega para convertirla en tareas y ejecutarlas.
En concreto, si comparamos un sistema de productividad personal con la filosofía y las reglas de diseño en los sistemas Unix, encontramos parecidos. Las reglas listadas a continuación provienen del libro de Eric Steven Raymond “The Art of Unix Programming” (disponible on-line). De las 17 reglas que aparecen, estas son algunas de las que podemos aplicar a nuestro flujo de trabajo:
Escribe partes simples conectadas por interfaces limpios
(Regla de modularidad)
Hay una gran ventaja en usar mecanismos separados para cada área (contactos, tareas, email…) en lugar de usar un software monstruoso que lo gestione todo. Si en alguna ocasión queremos actualizar o cambiar una de las áreas, podemos hacerlo sin tirar a la basura el resto. De la misma forma, sé favorable a los interfaces universales (RSS, email, o papel), así no te convertirás en esclavo de la herramienta.
La claridad es mejor que la inteligencia
(Regla de claridad)
Cuando tomas nota de tus eventos, tareas y proyectos, anota las instrucciones que te estás dando a ti mismo de la forma más clara y sencilla de entender posible. “Crear una compañía” es poco específico y propenso a no realizarse. “Llamar a Luis para preguntarle cómo fundó su SL 91-121-22-22″.
También evita vocabulario complejo, codificado, jerárquico y contextual, y algoritmos de ordenación: recuerda que la claridad es más importante que las anotaciones ‘inteligentes’.
Convierte el conocimiento en datos para que la lógica del programa pueda ser simple y robusta
(Regla de la representación)
Incluye toda la información que te pueda hacer falta para completar el trabajo en tu sistema. Por ejemplo, si has de hacer una llamada, incluye el número de teléfono al anotar la tarea. Haz que tu información sea lo más rica posible, ya que tu sistema es sólo un camino para que las cosas sigan moviéndose.
Cuando tengas que caer, hazlo cuanto antes y escandalosamente
(Regla de reparación)
Si pasas tiempo montando un sistema de productividad personal (sea GTD u otro) y te falla, detente. Entiende la razón por la que has olvidado el cumpleaños de tu madre. Sé prolijo sobre ello. Resalta mentalmente ese “ruidoso error” y adapta tu sistema para evitar que vuelva a suceder.
El tiempo de programador es caro; consérvalo en favor del tiempo de máquina
(Regla de economía)
No hagas nada que el ordenador pueda hacer por ti. En lugar de gastar tiempo archivando laboriosamente todos tus documentos, busca aquello que necesites al vuelo (Google Desktop es ideal para ello). Aprende atajos de teclado para no tener que mover demasiado el ratón. Automatiza tareas como los backups. Haz que tu ordenador trabaje para ti, en lugar de tú trabajar para él.
Haz un prototipo antes de pulir. Consigue que funcione antes de optimizarlo.
(Regla de optimización)
No hay un sistema de productividad perfecto. El mejor sistema es el que estás usando. No hace falta memorizar el libro de GTD para empezar a organizar cosas. Decide un método para organizarte y empieza a usarlo, ya irás puliéndolo con el tiempo.
Diseña para el futuro, porque llegará antes de lo que crees.
(Regla de extensibilidad)
¿Vas a usar siempre ese software o esa dirección de e-mail? Prepara tu sistema a prueba del futuro escogiendo herramientas que poseas y no bloqueen tus datos en formatos propietarios, de forma que no puedas volver atrás.
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marzo 15, 2008
Muy interesante, hay también en lifehack otro artículo parecido sobre aplicar la filosofía Toyota a la productividad personal.
http://www.lifehack.org/articles/lifehack/what-toyota-can-teach-you-about-personal-productivity.html#comment-318581