Productividad

Por qué es necesario delegar


A las personas no nos gusta delegar. Cuesta mucho que decidamos delegar cuando nos enfrentamos a una tarea o resultado. Siendo delegar el pasar la tarea a una persona más apta que nosotros para conseguir ese resultado, cualquiera diría que estaríamos locos por quitarnos el trabajo de encima, pero no es así. En cambio, toda la literatura de efectividad personal nos invita a hacerlo, cuanto más mejor.

Por muy aptos que seamos en nuestro trabajo, es imposible que seamos los más aptos para todo. Según un estudio, para ser eruditos como trabajadores del conocimiento necesitaríamos aprender 62 disciplinas distintas para cubrir todos los campos (desde psicología a ingeniería), y después nos faltaría la práctica consciente durante 10.000 horas. Es claramente un reto para la mayoría de mortales. Además, cada uno tenemos unas habilidades distintas.

Entre las causas que nos retienen de delegar, podemos destacar dos.

El ego

Dejar que otra persona haga un trabajo que nosotros podemos hacer parece que nos quita prestigio, o que si el trabajo finalmente sale bien los elogios no sean para nosotros. Hemos de evitar trabajar para nuestro ego y hacerlo por conseguir los resultados esperados. Para eso, hemos de ser conscientes de nuestras capacidades, para lo bueno y para lo malo.

Para lo bueno, nosotros somos buenos en ciertos aspectos de nuestro trabajo. Dediquemos más tiempo a aplicar esos aspectos, y así maximizaremos el valor que entregamos por nuestro tiempo.

Para lo malo, y de la misma forma, para una capacidad en la que destaquemos habrá mil para las que otras personas nos superen. Aprovechemos eso también para que el resultado de lo que deleguemos y del trabajo final también tenga más valor.

La percepción (errónea) del coste de delegar

Otra excusa para no delegar es que creemos que no vale la pena, porque nos costará más explicarle a la otra persona lo que necesitamos que hacerlo nosotros mismos. Para hacer ese juicio nos basamos solo en el tiempo que esperamos tardar en realizar la tarea contra lo que tardaremos en explicarlo.

Aunque así fuera, vamos a considerarlo una inversión: la tarea la tendremos que explicar con el detalle adecuado (suficiente como para transmitir todos los requisitos, no tanto como para hacer microgestión) una sola vez, ya que para las siguientes veces la el grueso de la explicación estará hecho, y el coste de delegar será menor.

Pero el parámetro por el que se ha de valorar el coste de delegar trabajo no es el tiempo, sino la atención. Una tarea que no se delega es una carga más para nuestra capacidad de enfocarnos. A más tareas, más desgaste de la capacidad de decisión a lo largo del día.

Las personas tenemos ciclos a lo largo del día en los cuáles tenemos más o menos energía para trabajar, y algunos estudios revelan que los trabajadores de oficina solo se sienten productivos durante 2 horas y 53 minutos al día de media. Por tanto, podemos considerar que entrar en ‘la zona’, en un estado de máxima efectividad, es un recurso precioso. ¿Qué sucede cuando hemos de realizar una llamada a una hora concreta, que puede romper ese momento de máximo rendimiento? El auténtico coste de no delegar no es el tiempo, sino la atención que perdemos por culpa de tareas que podríamos evitarnos.

Al final, el objetivo de trabajar no es ni alimentar nuestro ego ni mantenernos ocupados. El objetivo de trabajar son los resultados, y para ello necesitamos maximizar el valor del trabajo, tanto del nuestro como de los demás. Escoge cómo obtener ese valor, y no hipoteques tu trabajo intentando demostrar nada ni a costa de malgastar tu potencial.

Foto de Štefan Štefančík

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  • Pedro

    PedroPedro

    Author Responder

    Me quedo con la idea de delegar cómo inversión para poder atender mejor aquello en lo que podemos aportar más valor.

    Muy interesante.
    Gracias por compartir.