Hoy en día la forma de comunicación formal más común es el e-mail. Pero los e-mails no son ni lo eficientes ni lo fluidos que deberían ser. Es normal, al fin y al cabo en el colegio nos han enseñado a escribir cartas pero no e-mails. La forma del uno y del otro es distinta
Uno de los principales consejos sobre productividad es sobre las interrupciones. Especialmente, se aconseja no ser un esclavo del correo electrónico, y consultarlo solamente a horas muy concretas. El dilema que se nos plantea es que, aunque limitar el tiempo que pasamos con el email acaba resultándonos beneficiosos, dudamos del impacto que tendrá sobre quienes
Desde que el e-mail es una herramienta básica de comunicación, se ha convertido para muchos en el sitio por el que recibimos la mayoría de información relacionada con el trabajo. Por tanto, conviene tener controlado cada mensaje. Seguramente habremos empezado creando carpetas para los mensajes prioritarios. Después para cada área. Más tarde, para cada proyecto…
Se empieza con la sensación de que tienes mucho que hacer. Después ves que no te quitas el trabajo de encima. Se te ocurre probar Getting Things Done, los recordatorios, las notas en la pantalla de tu ordenador. Al final, descubres que lo único que funciona es el hazlo ahora. Entre un artículo de Get
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