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Conseguir los propósitos de Año Nuevo


Después de enviar un esbozo de su novela a varias editoriales, Neal Stephenson recibió respuesta de una de ellas. Ahora es un escritor de ciencia ficción consagrado (el Ciclo Barroco es una de mis novelas-series preferidas), pero aquella era su primera obra. La editorial le pedía que enviara el manuscrito completo. Iba a conseguir su propósito de publicar un libro. Solo había un problema: la novela aún no existía.

Como tenía un trabajo a tiempo completo. tuvo que escribirla durante las vacaciones de verano. Tenía 10 días, con la fiesta nacional de EEUU, el 4 de julio, de por medio. Por si no fuera suficiente presión, alquiló una máquina de escribir que con el calor del verano se pegaba. Si no quería que se le estropeara la máquina, no podía parar de teclear.

Finalmente terminó la novela a tiempo y la pudo enviar. Está claro que en su caso el estrés espoleó su creatividad y motivación. Que nos obliguen a punta de pistola a seguir una dieta probablemente también funcione, pero ¿crear una palanca de presión y de amenaza es la única forma de movernos a conseguir un objetivo? Lo dudo.

Los proyectos y propósitos de Año nuevo ya son difíciles de por sí, pero algo hace que nos saboteemos ¿Cómo es posible que haya personas que procrastinen y otras que no? De alguna forma es posible ponernos a trabajar en nuestros proyectos y conseguirlos. De la misma forma que es posible superar las tentaciones cuando estamos haciendo dieta (o adoptando el hábito de comer saludablemente). ¿Por qué es tan difícil?

En la antigua Grecia los filósofos ya trataban el tema del hedonismo en contra de la razón. Por entonces se acuñó el término akrasia. La akrasia es el estado de actuar en contra de nuestro propio beneficio, o la falta de autocontrol. Si queremos bajar de peso pero caemos en la tentación de comer un dulce, estamos actuando en contra de nuestro propia salud. Como ves, preocuparse de la operación bikini viene de lejos.

Más tarde, le dieron a la palabra enkrateia el significado del control sobre las propias pasiones e instintos, lo que podemos llamar el autocontrol. Aristóteles empezó a usarlo como antónimo de akrasia.

Así, ante la posibilidad de actuar en contra de lo que queremos conseguir (akrasia) necesitamos controlar nuestras propias acciones (enkrateia). Por tanto, necesitamos superar el instinto del placer inmediato y tomar acciones que nos ayuden.

Hace 20 años el psicólogo Roy Baumaster publicó un estudio según el cuál el autocontrol usa un recurso limitado. Según esto, en cuantas más cosas hagamos que requieran autocontrol, más nos costará seguir haciéndolo; incluso hasta que no podamos controlarnos. A este fenómeno se le ha llamado agotamiento del ego. Más recientemente, han aparecido estudios con resultados contrarios, que dicen que la capacidad de autocontrol no es un recurso limitado.

Sabemos también del sesgo cognitivo del descuento hiperbólico o descuento en el tiempo. Según este, las personas tenemos tendencia a pensar que ante dos posibles beneficios, uno que podemos conseguir inmediatamente y otro que tardaríamos más en recibir, valoramos como más beneficioso el más próximo en el tiempo. Por ejemplo, si damos a escoger entre recibir 100€ hoy o 101€ la semana que viene, la mayoría de personas escogerán lo primero. En el caso de la dieta, es más fácil que hagamos trampa con un dulce ahora porque su sabor es un beneficio inmediato, mientras que el resultado de la dieta queda muy lejos (su beneficio pierde valor). La mayoría de propósitos de Año nuevo se sitúan en ese largo plazo. Pero eso de por sí tampoco es el único factor, porque ante los mismos sesgos hay personas que sí consiguen aplazar el beneficio inmediato y conseguir sus objetivos a más largo plazo.

Tiene que haber algún otro factor que permita resistirse a las tentaciones, a la procrastinación. Incluso Viktor Frankl, fuera de un entorno válido como prueba científica, pero totalmente práctico, explica en su libro “El hombre en busca del sentido” que por mucho que los instintos básicos apreten siempre está la capacidad racional de resistirse a darles rienda suelta, por difícil que sea.

Podría tratarse, quizá, de un asunto de compromiso. Los compromisos pueden estar a muchos niveles: nos comprometemos con unos principios y valores, a conseguir unos objetivos o a realizar ciertas acciones. Pero el compromiso auténtico es de un solo tipo, solo tiene un grado.

Dicho de otra forma, el compromiso o se tiene o no se tiene, pero no se puede estar un poco comprometido en algunas cosas y mucho en otras. En el caso de Viktor Frankl, el compromiso con sus valores fue el que le salvó de sacrificar su humanidad en unas condiciones extremas.

¿Cómo puedo superar las tentaciones y conseguir los propósitos de Año nuevo?

Lo primero, debes comprometerte con tus objetivos. Tener claro lo que sí quieres seguro. Los propósitos de Año Nuevo no sirven si no son nada más que palabras al vuelo. Si no te comprometes entonces estás haciendo otra cosa: un experimento, una prueba, cambiar una tendencia… Pero no es un compromiso.

También es muy útil entender como funcionamos. La akrasia y el descuento hiperbólico son estrategias reales de nuestro cerebro. Como tantas otras seguramente eran útiles cuando cazábamos mamuts para sobrevivir, pero no ahora. Conocer estos sesgos nos ayuda a reconocerlos cuando ocurren y disparan nuestra parte racional para que intervenga. Es la magia de la neurociencia.

Algunas estrategias que te ayudarán

El compromiso auténtico con tus propósitos de Año nuevo será el que nos mueva, pero es mejor reducir los momentos de difícil control. Elimina las resistencias:

  • Crea hábitos que te den soporte a lo que quieres hacer. Si quieres escribir un libro, podrías crear el hábito de sentarte cada día a la misma hora delante del ordenador. Para hacer ejercicio, puedes habituarte a ir a la cama y levantarte a horas concretas, y descansar 8 horas.
  • Optimiza tu entorno: quita de cerca tuyo lo que te afecta negativamente y pon cerca todo lo que te ayuda. Por ejemplo, para cambiar tus hábitos de alimentación no compres comida que no debas comer, y ten una jarra de agua cerca mientras trabajas.
  • Reduce la resistencia: haz trabajo previo para esforzarte menos en el momento más difícil. Si quieres ir al gimnasio, prepara la bolsa el día antes y déjala junto a la puerta de casa. En tus proyectos define siguientes acciones y no tareas; eliminarás la fricción de pensar qué es lo que tienes que hacer antes de trabajar.

El dolor como motivación

He excluído una estrategia habitual: generar estrés (forzar una fecha límite, comprometernos en público, o alquilar una máquina de escribir que se quede pegada). Las he probado todas, y creo que no funcionan sin una motivación genuina. Además, dañamos nuestra efectividad con sentimientos negativos. El dolor (como estrés o cualquier otra forma) funciona como motivación; ¿cuanta gente consigue cuidarse después de que el médico les amenaza de muerte? Pero no creo que sea el camino.

Hacer reales nuestros objetivos tiene la dificultad no solo de hacer lo que hay que hacer, sino de luchar con los sesgos inherentes de nuestra mente y los instintos más básicos. Pero nuestra mente racional, a través de los compromisos y la elaboración de estrategias que nos faciliten el trabajo, son un excelente contrapeso para esa otra parte nuestra que tira en sentido contrario.

Fotografía de Brooke Lark

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  • Hola. Buen artículo! Pienso que en el camino de tu crecimiento personal es bueno mantener una mentalidad fuerte que te permita afrontar de la mejor manera cualquier obstáculo o contratiempo que se te presente en el camino. Y pienso que una excelente manera de cultivar y fortalecer tu mente es implementando buenos hábitos en tu vida. En mi caso, el ser disciplinado, establecerme metas diarias , enfocarme en los resultados y en mejorar mis relaciones me ha ayudado mucho a lograr mis objetivos de vida. Saludos!