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La efectividad empieza en la mesa y el gimnaso


La efectividad personal tiene mucho que ver con la buena gestión de los niveles de energía. Y si hay una cosa importante para maximizar la capacidad de concentrarnos y decidir es tener el cuerpo en buenas condiciones. Podemos tener claros los momentos del día en los que nos sentimos mejor, en los que baja la energía o en los que necesitamos un descanso, pero cuidarnos va a hacer que tengamos un nivel de partida en mejores condiciones.

Hay dos aspectos básicos a cuidar.

Alimentación

Nuestro cuerpo funciona con el combustible que le suministremos, y la calidad de la comida que consumamos va a tener una gran influencia en nuestro estado. No soy nutricionista y no voy a aconsejar dietas, pero sí me he dado cuenta en mi experiencia que los alimentos procesados y los alimentos altos en azúcares y grasas1 tienen un efecto negativo destacable en mi estado de energía.

Una dieta equilibrada y variada, con pocos alimentos procesados, y sin añadir azúcares, me permite tener una sensación de ligereza y de estar listo para la actividad. Al contrario, los alimentos ricos en grasas y azúcares me hacen mucho daño: me siento más pesado, pero además me producen una necesidad de consumir más y entrar en una espiral de seguir comiendo. De hecho, históricamente, los momentos del año en los que me siento peor por el tema de la alimentación es cercano a las fechas de navidad, donde los dulces son la estrella.

El efecto que me producen no solo me hacen sentir con menos energía, sino que la sensación de pesadez y la “ansiedad por comer más” me distraen demasiado. De la misma forma, los alimentos procesados me resultan sabrosos2, pero el exceso de sal y azúcar lo único que hacen es empujarme a consumir más. (Dato curioso: en algunos locales de comida rápida la bebida azucarada es gratis. ¿Por qué? Prueba a llenarte con la comida y tomar un trago de bebida dulce, automáticamente parecerá que te queda un ‘huequito’ para seguir comeindo. ¡Magia!).

Ejercicio físico

Practicar deporte resulta algo contradictorio: aunque nos cansemos, tras la recuperación nos sentimos con más energía. Y no se trata solo de la capacidad física en sí, sino que también está la sensación de logro al acabar un entreno (seguramente mucha culpa de esto sea de los distintos neurotransmisores que se liberan con el ejercicio).

Hay que ser observadores y realizar el ejercicio en el momento del día que veamos que mejor nos funciona. En mi caso, si hago ejercicio intenso, en las horas posteriores me cuesta rendir de la misma forma. Eso sí, me gusta pensar que la recompensa de una sesión de gimnasio o bicicleta, más allá de los beneficios a medio y largo plazo, es la “sensación de cansancio”, o de descanso (esos ratos en el que te sientas y empiezan a cosquillearte hasta las pestañas)

Mantener el cuerpo en buena condición física no es una tontería, no se trata de conseguir vivir más años sino de vivir en mejores condiciones, éstas influirán en nuestra experiencia vital, incluida nuestra capacidad de ser efectivos.

Fotografía: Martin Barák


  1. Las grasas y los hidratos de carbono (como el azúcar) son necesarios para el organismo, me refiero a la nutrición de mala calidad con exceso de éstos (bollería industrial, procesados en general, etc.) 
  2. Para mí, que un alimento sea sabroso no es lo mismo a que tenga un buen sabor; lo primero es fácil de conseguir con mucho condimento, lo segundo requiere mucho más esfuerzo. 
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  • Me pongo a pensar que somos seres completos, un todo, no la suma de las partes para lograr reaultados. Genial post. Gracias por ello. 🙂